Siempre se ha dicho que hablar con uno mismo es de locos. Esa serie de afirmaciones siempre me ponen alerta. La sociedad tilda de locura todo lo que nos hace sobresalir de la normalidad. Y su juicio negativo es la mejor directriz para seguir viviendo en la locura.
Pero como se habla con uno mismo? Cuál es el mecanismo? Quien pregunta y quien responde? El concepto roza esquizofrenia. Y al mismo tiempo es tan complejo que da vértigo.
La mayoría lo hacemos sin ser consientes de ello, ya sea por prisa o por vagancia. Y es en la inconsciencia donde se esconden trampas peligrosas que hacen que la conversación no sea sincera a veces. La inconsciencia hace vago al ese oponente imaginario y permite auto adulaciones, prejuicios, interferencia de los sentimientos, justificaciones injustificables.
Sentarse, en silencio y con tiempo, y preguntarse “Que tal estas?”, “Que piensas?”, “Que sientes?” y ser valiente para afrontar la respuesta es una de las experiencias más enriquecedoras que he experimentado. Es cuando encuentras que ya no eres la media, que pasas a formar una naranja completa.

