miércoles, 1 de septiembre de 2010


Tómate un respiro, hondo, siente como la vida trepa por tus pulmones, retenla y luego déjela libre. Maravíllate de este intercambio entre universo y tú. Estírate, como si no estuviera nadie mirando, para tomar la conciencia de tu cuerpo, relegado a servir en la vorágine de la rutina. Míralo, manéjalo, observa las huellas que vas dejando en él y maravíllate de su resistencia y perfección.  

Reten el momento, apaga el piloto automático y coge el volante. Desconecta las previsiones a largo plazo, concéntrate en estar, aquí y ahora, despide segundo tras segundo como si fuesen años. Cierra los ojos, cambia de escalas, absorbe con la conciencia lo destinado al subconsciente, satura los sentidos y maravíllate de la sincronía.

Y cuando el momento le devuelve a tu vida su verdadera importancia, cuando el júbilo por estar supere las expectativas de porvenir, entonces sonríe. Y así, armado de sonrisa y de la conciencia de la vida, empieza a fabricar tu propia felicidad. 

2 comentarios:

  1. Bufffffffffff.
    Gracias.
    Gracias por estas ideas que me devuelven a mi verdadera magnitud.
    Llego con retraso y atrofia de ser yo mismo. Del desequilibrio que la rutina produce dirigiéndote hacia donde estás, en perjuicio de quién eres.
    Mi alma se infla y se llena y vuelvo a sentirme grande.
    Me resulta curiosa esta sensación de transmisión energética donde ahora me siento 100% receptor. Y realmente la necesito.
    Pronto volveré a impulsarme nuevamente, con la fuerza de la ayahuasca, lejos de lo mundano, lejos de las pequeñeces, lejos de las estratategias por ganar rincones que se quedarán aquí cuando ya no seamos.
    No te puedes imaginar cuanto me llena ser tu amigo.

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  2. es muy lindo todo lo que leo de tu blog.. muchas gracias

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